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Los niños no esperan

Los niños no esperan

He estado en varias reuniones sobre el futuro de la educación en Colombia, y hay algo que se repite y me inquieta, la idea de que para transformar el sistema basta con dar una orden.


Y mientras seguimos en esa conversación, los resultados no se mueven. En la Prueba Saber 11 de 2025, el territorio donde mejor les va a los jóvenes promedia cerca de 290 puntos (Armenia); donde peor, no llega a 200 (Uribia). Es el mismo país con casi cien puntos de distancia. Y esa brecha se repite año tras año. Eso es lo que pasa cuando los debates se vuelven circulares: los resultados también.


En Decisiones que cambian la educación lo escribimos así: los debates circulares se rompen con decisiones valientes. No con órdenes, sino con cambios que se sostienen en el tiempo: un sistema que aprenda de sí mismo, más moderno y más flexible, capaz de corregir a tiempo en lugar de empezar de cero cada cuatro años.

Ese círculo vicioso de la educación básica se repite, con otros nombres, en la educación superior. Y aun así, seguimos confundiendo esos cambios con una orden.

Pienso, por ejemplo, en el registro calificado: el instrumento con el que el Estado verifica que un programa de educación superior cumple las condiciones de calidad antes de abrir sus puertas. Es una garantía necesaria, no un trámite de más. Y, a la vez, sus tiempos siguen siendo un cuello de botella que se lleva años intentando agilizar. Hacerlo más expedito es muy importante. Pero agilizar un trámite no transforma un sistema si, al mismo tiempo, no fortalecemos a las entidades que lo sostienen. Estos problemas no se resuelven con una sola palanca, sino actuando en varios frentes a la vez.


Las dos campañas que hoy se disputan la Presidencia ya le dan un lugar a la educación. Ese no es el debate. La pregunta no es si vamos a hablar de educación, sino si las decisiones que tomemos se van a sostener y van a responder a un mundo que cambia más rápido de lo que el sistema alcanza.


Por eso hay una fecha que debería pesar tanto como la segunda vuelta: el 20 de julio, cuando se instala el nuevo Congreso. Porque transformar la educación no se decide solo en la Presidencia, ni con una sola ley: se construye también en los territorios, que necesitan acompañamiento y autonomía a la vez —en las secretarías de educación, en cada sede— para responder a su propia realidad. Ahí es donde una decisión valiente se vuelve duradera… o se queda en un anuncio. Y nada de esto lo logra una sola persona: exige liderazgos colectivos y acción decidida y conjunta.


Desde el lugar que ocupo —y creo que la educación es una de varias rutas hacia el progreso— no me corresponde dar la orden de qué hacer, pero sí poner la evidencia sobre la mesa, abrir las conversaciones que no se estaban dando y construir caminos para que la decisión valiente sea posible y no solo deseable. Desde el Congreso, desde el Gobierno, desde la escuela, desde la empresa, cada quien tiene una forma de habilitar este cambio. Esa es la conversación que quiero ayudar a sostener. Porque los niños no esperan.

Andrea Escobar Vilá

Directora ejecutiva de la Fundación Empresarios por la Educación